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Sigo instalada en los "taitantos" y los abuelos siguen a hacer puñetas de aqui... Pero al menos el marido parece haber sentado el trasero, duermo algo por las noches y mi carrera laboral empieza a parecerse a algo. Lo que sigue siendo interesante es mi red de apoyo variopinta, internacional y virtual y las aventuras de la Superfamilia espero... Pasa y acomodate.

martes, octubre 13, 2009

Mentirosos... ¿compulsivos?

Hace un tiempo, en una de las entradas sobre la ciencia, tuvimos Yvi y yo una discusión de éstas que se te quedan a medias por falta de tiempo (sí, animáos a discutirme, es lo más divertido que nos puede pasar a ambos en el blog).

A lo que iba, teminé dándole la razón a mi buen amigo en el tema de que casi todos los científicos tenemos una "teoría fetiche", esa que es la niña de nuestros ojos que queremos ver como la reina del baile a toda costa. Lo que no llegamos a plantear ninguno de los dos en términos de un debate formal, fue hasta que punto existe el "engaño formal" en la ciencia, sea desde el punto de vista de "maquillar" los datos de tu teoría u ocultar datos que no cuadren con ella. No estamos hablando pues, del engaño de tipo absoluto, del sacarse los datos de la manga o escribir unos cuántos resultados figurados para lograr una publicación (cosa que también existe y de la que se puede ofrecer desgraciadamente más de un ejemplo como se ve). No, estamos hablando de algo un poco más traído por los pelos.


Por eso, cuando el otro día recogiendo revistas antigüas, me encontré este artículo en The Economist decidí de inmediato que merecía la pena traéroslo para hablar del tema. Habla de cómo de extendido está el fraude de bajo nivel, el hacer aparecer por arte de magia ese dato que no aparece o el ignorar ese dato que te molesta en la gráfica, un fraude muy difícil de detectar (dado que en algunos casos resulta legítimo hacerlo, lo de rechazar un punto, me refiero, lo otro desde luego que no) pero que juzgando los datos del artículo: una encuesta entre investigadores sobre sus prácticas científicas (el 10% reconocía haber hecho cosas como las mencionadas anteriormente), ah, amigo y "las de los demás" (el 14% reconocía haber visto trabajar a colegas con manipulación de datos... si la pregunta se extendía en dirección a uso deficiente de técnicas experimentales, selección de datos u omisión de deficiencias en la metodología se llegaba a un 46% de investigadores que reconocían haber visto estos comportamientos en otros colegas).

"Apaga y vámonos, SW", os estaréis diciendo los que hayáis leído mi primera entrada, "¿no acabas de contarnos que lo bonito de la ciencia es precisamente que todo es neutral?". Bueno, neutral quizá no es la idea. Lo bonito es que es comprobable. Y reproducible. Y que no es lo mismo decidir cargarse un punto o ajustar una gráfica para que después de hacer estadísticas tenga un mejor aspecto que sacarse directamente los datos de la manga. El artículo menciona explicitamente los casos de Millikan, que rechazó datos que no cuadraban con lo que él esperaba en la medida de la carga del electrón y Mendel, cuyos resultados sobre las diferencias genéticas de los guisantes son demasiado "perfectos". Manipularon sus datos, pero tenían razón.

No, no estoy defendiendo semejantes prácticas pero al parecer, a pesar de ellas, la ciencia avanza. Y como cita el Economist, en el fondo sólo es la prueba de que los científicos somos tan humanos como el que más.

5 comentarios:

Clares dijo...

Y cosas peores, como robarle los descubrimientos a los colegas, y a veces a las colegas, porque son mujeres, simplemente. Mira este enlace sobre Rosalind Franklin:

http://kaolinclares.blogspot.com/2007/10/rosalind-franklin-y-los-buitres.htm

Súper Mami Modern dijo...

TIENES UN REGALITO EN MI BLOG!!

besitos

PMM dijo...

Es quqe es muy fácil jugar con la ignoracia de los demás, y como en cuestión de ciencias, estamos como estamos, pues nos va como nos va.

Manuel Márquez dijo...

Creo, compa Superwoman, que lo que bien pone de relieve tu reseña es algo tan elemental como la condición humana del científico, que, al fin y a la postre, está hecho de la misma pasta que el abogado, el albañil, el economista o el torero; con sus mismas debilidades (y fortalezas), miserias (y grandezas), engaños (y verdades). Por eso se hacen esas cosas, supongo...

Un fuerte abrazo.

Superwoman dijo...

Si te sirve de consuelo, Clares, lo de la Franklin va a acompañar a Watson y Criks hasta el día del juicio final (para ellos). Es conocida la anécdota en todos los círculos científicos de que no pueden terminar una charla sin que salga el tema (y sin que se dedique una ovación a la Franklin)... es difícil juzgar hasta que punto Franklin se dió cuenta de lo que había sacado en la fotografía, pero lo que hicieron los otros dos estuvo feo, feo, feo. Y lo de Madame Curie... en fin, lo atribuyo a que eran otros tiempos porque jamás en la vida he escuchado yo algo semejante como que recogió el premio en nombre de su esposo (entre otras cosas, porque le dieron dos y el segundo es por un tema en el que su esposo llevaba tiempo criando malvas).

Gracias Supermami, el lunes cuando tenga tiempo, haré algo al respecto, ahora me tengo que poner a estudiar.

PMM, por ahí, por ahí, va a ir hoy la entrada sobre el cambio climático hoy.

Manuel, como siempre, tienes más razón que un santo.

Un supersaludo

(Ir)Responsable también de esto...