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Sigo instalada en los "taitantos" y los abuelos siguen a hacer puñetas de aqui... Pero al menos el marido parece haber sentado el trasero, duermo algo por las noches y mi carrera laboral empieza a parecerse a algo. Lo que sigue siendo interesante es mi red de apoyo variopinta, internacional y virtual y las aventuras de la Superfamilia espero... Pasa y acomodate.

martes, septiembre 30, 2008

Tolerando la frustración

Gracias a Armandillo en "bebés y más" llego a un vídeo del que había oído algo, pero que aún no había visto. Estoy segura de que alguno de vosotros conoce ya a la persona que ocupa mi entrada de hoy (ha sido tremendamente popular en USA en los últimos dos años), pero por si acaso alguno aún no ha escuchado hablar de él, creo que merece la pena que se presente él mismo, nadie puede hacerlo mejor:



Increíble, ¿no? Ya estoy llorando como una Magdalena (como aquella chica del jurado de Paul Potts, otra de esas historias edificantes de la que os vuelvo a poner el link porque sé que al ser vacaciones, sé que muchos de vosotros os lo perdísteis y es también una historia bonita).

Pero volviendo a Randy Pausch, una de las cosas que más me llama la atención de todo este video (que es un extracto de una clase magistral de más de una hora que Randy Pausch dió en la Universidad de Carnegie Mellon: el enlace está en inglés pero a poco que lo entendáis, os recomiendo la conferencia entera o que busquéis una traducción al español) es su actitud ante lo que yo entiendo como una de las mayores frustraciones que te puede traer la vida. Salvo la idea de perder un hijo, creo que nada me resultaría tan horrible como tener que dejar a los míos tan pequeños, con tantas cosas por hacer. Y por lo que me llama la atención es porque siempre estoy escuchando que no hay que darle a los niños todo lo que piden, que hay que imponerles muchas cosas, que hay que educarles de manera estricta, que tienen que aprender a superar la frustración, que las privaciones forjan el carácter... y este hombre parece hablar de todo lo contrario: de una infancia feliz, de unos padres que le permiten pintar en las paredes de su cuarto, que mantienen una relación de gran cariño con él (si algún día, Supergirl o Superboy pueden hablar sobre mí como habla Randy sobre sus padres, eso es que he conseguido mi objetivo principal en la vida).

No, no estoy sosteniendo que haya que tener con los niños una actitud de permisividad absoluta, pero tampoco creo que una infancia en un ambiente cuartelario consiga por sí misma el efecto deseado. Creo que los niños, día a día, tienen muchas oportunidades de sentirse frustrados: primero, no les entendemos e intentamos dormirles cuando lloran porque tienen el pañal sucio; después comprenden que no pueden tener nieve en pleno verano, o no pueden salir a la calle a dos grados bajo cero y sin chaqueta en pleno invierno; tienen que irse a la cama, ir al colegio, prácticamente vivir al ritmo que les marcan sus padres; con el tiempo irán a la escuela y descubrirán que no son los mejores del mundo en futbol o baloncesto, que no podrán ser estrellas de cine o de la canción, que no son los más inteligentes; un día sus padres o sus abuelos morirán... me parece que no es necesario añadir eslabones artificiales a esta cadena de frustraciones.

Randy Pausch murió víctima del cáncer en julio de 2008. Creo que su mujer y sus hijos tuvieron la suerte de tener una persona así, un ejemplo cercano de entereza a su lado. Y la técnica moderna les presentará la imagen de su padre, cuando puedan comprender exactamente todo lo que implica lo que dice... no suplirá su ausencia, pero al menos es algo.

En cuanto a mí, sigo aprendiendo día a día a tolerar mis frustraciones. Cada vez que me entren las tentaciones de ser Eeyeore, que es lo que soy por temperamento natural, creo que voy a volver a ver este vídeo.

viernes, septiembre 26, 2008

Mi felicidad

Sí, soy feliz, soy feliz pero no estoy ciega... sé que hay mucho en juego para ser completamente feliz... pero aún así, soy feliz.

lunes, septiembre 22, 2008

¿Cómo funciona eso del método científico?

Quería contaros un par de cosas que tienen que ver con aquello en lo que supuestamente soy una especialista (y digo supuestamente porque el conocimiento también se oxida con la falta de uso). Pero me he dado cuenta de que tengo que empezar a un nivel más básico: tengo que empezar por comentar cómo se entiende el hacer ciencia hoy en día... y de paso, os hablo de uno de mis grandes amores (científicos, eso sí): Carl Sagan.

Sagan es un astrónomo que ejerció como tal a finales del siglo pasado (ay, qué mayor me siento cada vez que oigo eso del siglo pasado). Seguramente, la mayoría de las personas de mi generación le recuerden por ésto:



Cosmos es la serie responsable, así tirando por lo bajo, de un 50% de las vocaciones de las carreras de ciencias puras (física, química y matemáticas) de los años noventa. Si alguno se la perdió entonces por ser demasiado jóven, que aproveche ahora (y que no me lo cuente, me empieza a dar envidia la gente más jóven que yo).

Sagan era un tipo que siempre creyó en aquello que yo creo: que la cultura científica es más fácil de adquirir de lo que parece y que simplificando un poco los conceptos, todo el mundo puede tener la patena suficiente para desenvolverse en esta sociedad tecnológica en que nos ha tocado vivir. Desde jóven destacó por intentar hacer llegar a los ciudadanos de a pie todo lo que sabía. Sus libros de divulgación científica son una delicia (un extracto aparece esta semana en un post de Historias de la Ciencia)... y en ellos se habla mucho del método científico, que no deja de ser una manera particular de detección de la realidad. De hecho es una de las razones por las que las empresas pagan bien por una persona con una carrera de ciencias puras: se supone que estamos entrenados para pensar.

¿Suena rimbombante? En realidad es sencillísimo. Supongamos que tengo una teoría: una teoría no es más que una idea, que puede ser tan sencilla o tan complicada como queramos; normalmente nuestra teoría suele proceder de lo que observamos a nuestro alrededor, puede incluso que parta de una serie de experimentos que verifiquen completamente la idea... pongamos que veo crecer como fieras a los Supernenes y se me ocurre que todos los niños del mundo doblan su estatura de nacimiento a los tres años. No es descabellado, a mí me ha pasado con los dos, mis Supersobrinos también lo han hecho... la cosa promete... Pero lo que me dice el método científico es que en lugar de quedarme sentada alegremente felicitándome por mis buenos datos, tengo que hacer dos cosas: la primera, buscar datos que puedan contradecir mi teoría (sí, sí, como lo escucháis, por una sencilla razón: si encuentro un único niño que no haya doblado su altura a los tres años de nacer, la teoría no funciona... o al menos tengo que darle una explicación coherente y razonada a ese caso: igual tiene algún problema de crecimiento y entonces he de especificar que mi teoría sirve sólo para niños normales) y la segunda, intentar deducir de la teoría un dato independiente que también pueda comprobarse (si conozco la relación entre peso y altura aproximada de los humanos, puedo deducir que ocurre con el peso de estos niños y ver si la fórmula o ley que he deducido, se cumple también). No sólo eso: los datos tienen que confirmarse por diferentes personas, en diferentes lugares (si se miden niños en Japón y no funciona, no es una buena teoría; lo mismo si resulta que mis hijos medidos con otro metro, no cumplen la regla). Estas son las premisas que tenemos que cumplir con los datos que acompañan a nuestra teoría.



Normalmente, los científicos además intentamos buscar las razones que hacen que nuestra teoría se cumpla. Me refiero a hacerse preguntas del tipo: ¿Doblan los niños su altura en tan corto espacio de tiempo porque así tienen una ventaja evolutiva? ¿No pueden crecer más dentro del cuerpo de la madre y por ello han de desarrollarse de forma más rápida en sus primeros años de vida?. Aquí volvemos a tener otra serie de reglas no escritas para intentar que nuestro razonamiento sea lo más coherente posible: siempre hay que hacerse más de una composición de lugar aunque la primera de las explicaciones parezca coherente... si nos falla una, siempre nos quedan las otras para explicar nuestro problema; hay que pensar en pruebas y experimentos que puedan confirmar o denegar la validez de nuestros escenarios; las hipótesis más sencillas suelen ser las correctas (sí, los de "letras" también habéis escuchado ésto alguna vez); y por supuesto, siempre hay que comprobar la validez de todos y cada uno de los pasos de una cadena de razonamientos, incluidas las hipótesis de partida: un eslabón débil basta para romper la cadena.

He explicado esto con el peso de los niños, que es una cosa muy simple. Pero todos habréis escuchado hablar estos días del bosón de Higgs (y si no lo habéis hecho, buscad en los periódicos... que hemos pagado una cantidad considerable en impuestos para encontrar precisamente ese bosón y creo que es importante saber en qué nos gastamos nuestro dinero). Bueno, os adelanto que si los científicos andan todos alborotados por encontrar o no encontrar una partícula diminuta y de masa indeterminada, es porque las hipótesis actuales que tenemos sobre el funcionamiento del Universo, dependen de que aparezca o no aparezca. Pero no hay que irse tan lejos. Cada día nos cuentan muchas cosas a las que viene bien mirar con una cierta dosis de escepticismo...

martes, septiembre 16, 2008

El parto es nuestro

Nota: Sí, el título de este post está sacado de aquí. Sí, soy socia de Epen desde finales del 2004 (si mi memoria no me falla). No, lo que viene a continuación no expresa para nada el sentir, pensar, parecer o las ideas de la Asociación, salvo en los casos en que se usa material proveniente de ésta... este mensaje lo escribe Superwoman y expresa únicamente las ideas de Superwoman, algunas de las cuáles le ha metido en la cabeza a Superman y a los Supernenes de forma subrepticia.

El viernes pasado, madrereciente me arrojó sin ella saberlo un guante a la cara en forma de entrada en su blog... Hija, mentarme el tema es tocarme las palmas... y yo me conozco (y Yvi me conoce aún más... no voy a poder escribir algo corto).


Emilio Santos
, un matrón y ginecólogo que también es miembro de "El parto es nuestro", explica perfectamente en este artículo lo que perseguimos las mujeres que buscamos un parto natural (de hecho, me sorprendió leer el símil porque no hemos hablado nunca directamente de él, pero los dos lo usamos): es como el que intenta subir una montaña por su propio pie. Lo normal es que la subida sea como a una de las sendas de los Pirineos en verano. Sabes que te va a costar, sabes que no va a ser fácil, sabes que hay un teleférico al lado que te va a llevar casi al mismo sitio... pero por supuesto, sabes que la experiencia te va a marcar, que al final vas a estar orgullosa de hacer el esfuerzo, que a la larga es más sano para tí y para tu futuro bebé... y por supuesto, no es una experiencia inalcanzable.

No voy a hablar mucho del parto de la Supernena. Basta con decir que fue en algún lugar de España y que yo, tras varios años de peregrinar por otros mundos, me encontraba preparada para subir la montaña, pero me dí de cara contra un sistema que a la primera dificultad, te montaba directa en el teleférico. Y para lo que no estaba preparada era para enfrentarme al sistema...



Creo que nada puede describirlo mejor que este video de los geniales Monthy Piton, que refleja la situación a finales de los años 70 en Gran Bretaña... quizá un poquito exagerado, pero refleja a la perfección lo que me encontré: aquel día hasta el celador que llevaba la camilla parecía tener más importancia que nosotros.



Cuando llegué a Alemania lo que me sorprendió fue encontrarme con un sistema de salud que te da la opción de decidir casi a cada paso... y la diferencia no viene sólo dada por ser una caja de mutuas (semi-privado... al fin y al cabo yo había dado a luz en un con un seguro de elección en España) sino por la actitud mucho más natural frente al parto aquí. Las pruebas eran explicadas con mucha más minuciosidad que en España, incluso los riesgos que tenían, pero al aportar también porcentajes, era mucho más fácil decidir qué queríamos y que no queríamos para nuestro parto. Y había mucho donde elegir: puedes tener desde un parto en casa atendido por una matrona hasta dar a luz en un hospital por cesárea cuasi-electiva (sólo tienes que encontrar al profesional adecuado). Me fijé una vez de camino en un lugar que se anunciaba como "casa de partos" (las casas de partos o de matronas son sitios donde poder dar a luz como en casa, atendida por una matrona, pero en general con material como una enorme bañera de partos o ganchos para colgarse del techo que normalmente no se pueden trasladar a una casa normal). Lo que me llamó la atención fue que estas matronas trabajaban en conjunto con varios ginecólogos, cosa que también es rara en Alemania. Sin embargo ellos, los unos y los otros, creen que de este modo es como mejor pueden atender a las cerca de doscientas familias que vienen dando a luz desde hace más de diez años en su consulta. Los ginecólogos no sólo atienden el embarazo y el parto, sino la salud reproductiva general de la mujer. Si el embarazo transcurre normalmente no están allí más que para recetar fármacos (si fueran necesarios) o para realizar las ecografías precisas. Para ellos el sistema es muy bueno, están ahí cuando son de utilidad y no tienen que repetir aquello que ya han hecho las matronas en su consulta. Y para las matronas, es también bueno, si hay algún problema fuera de lo ordinario, no es necesario emprender una peregrinación buscando un ginecólogo que comprenda la manera de entender y encarar el parto que tienen ellas.

Y comenzó la ascensión a la montaña. Hubo momentos en que me sentí sola, momentos en los que lamentaba no ser más conformista y poder seguir a los demás por la línea del teleférico; momentos en los que me sentía fuerte y miraba el paisaje según ibamos ascendiendo y pensaba que era maravilloso estar en mi piel... Me enfrentaba a lo que se conoce como un PVDC (Parto Vaginal Despues de Cesarea). Algunos proveedores de salud se niegan a realizar este tipo de partos porque existe un riesgo algo más elevado de lo normal a que se presenten ciertas complicaciones. En todo caso, en las condiciones en que yo estaba, era en su conjunto más seguro que una cesárea, aunque fuera programada y por elección.



Superboy nació después de unas 18 horas de contracciones. Sin epidural, sin cortes, ni medicación innecesareas. En un ambiente limpio, acogedor y que no me era extraño, en la penumbra de una oscuridad clara y luminosa, rodeada por gente que me tenía cariño, apoyado por sus padres (Superman y servidora) y gracias a la ayuda de Katrin, una comadrona excepcional que siempre creyó en ese parto... La ginecóloga que me atendía estaba allí (fue un parto tan rápido que la llamaron de refuerzo por si no podía llegar la segunda matrona). Como todo iba bien, se limitó a coger mis manos mientras pujaba.



Me podéis poner al final de la lista de este maravilloso video que he descubierto gracias a Mireia. Cada una de las historias, lo que dicen esas mujeres, lo he sentido yo: Superwoman, mi primer parto terminó en una inducción que no tendría que haber sido y cesárea por supuesta DCP (desproporción cefalo-pélvica). Supergirl pesó 3,800 kg, midió 52 cm y tenía 35,5 cm de perímetro craneal. Superboy nació en un PVDC rápido y respetado: 3,600 kg, 53 cm y 36 cm... sentía que me habían robado mi capacidad de decisión, de hacerme cargo de mi vida, en mi primer parto y ese día, la recuperé del todo.


No sé si hubiera estado preparada para subir al Everest... puede que no, pero lo que sí sé, es que con la gente con la que contaba, yo era la que elegía hasta donde llegábamos. El parto es nuestro... recuerdo cuantas discusiones he escuchado en torno al nombre de la asociación: para algunas personas suena demasiado agresivo, demasiado en plan "aquí estoy yo reclamando" o "nosotras parimos, nosotras decidimos"... yo siempre he visto en ese plural a mis hijos y a Superman... El parto es nuestro, era nuestro: los que estábamos allí en ese quirófano y en esa sala éramos los Superniños y yo y éramos los que nos lo jugábamos todo en esos momentos. Pase lo que pase, la persona que acompaña al parto se irá a casa al final del día. Y los que quedan son la madre y el hijo... por eso no puedo entender que no se me trate como una adulta en el momento de tomar una decisión que puede cambiar mi vida y la de mi familia para siempre... Nuestro, siempre nuestro...

Creo que no volveréis a leer aquí un post tan personal como éste en mucho tiempo...

sábado, septiembre 13, 2008

Con todos ustedes...

Hoy tengo tiempo nada más que para una entrada rápida... y después de leer esto, os voy a dejar con una de mis canciones favoritas...

Leo que también le gustaba a Hitler, como si fuera una cosa excepcional... que yo sepa, la locura y el buen gusto musical no han estado reñidos (Wagner, que también comentan que le gustaba, es un tremendo compositor).

Y sin más, os dejo con la melancolía y el misterio de esas dos muchachas (porque son dos, Lili y Marlen(e), que no Marleen como pone en el periódico, manía que tienen los americanos de apropiarse de todo):

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