El 11 de Noviembre se celebra en los países de origen anglosajón el "Remembrance Day" o "Veterans Day". Te despiertas una mañana y aquello amanece como el día de la banderita en España, pero en lugar de pegatinas de la Cruz Roja, unas señoras bastante vetustas, te ponen amapolas rojas en la solapa a cambio de una pequeña donación económica.

Durante los cuatro años que viví en Irlanda nadie de mi generación supo darme cuenta del significado completo de esta fiesta. Sí, por supuesto, todos sabían que era un recuerdo a los soldados que valerosamente habían dado su inocencia o sus vidas en la guerra, pero la gran mayoría por ejemplo, creían que se debía principalmente al efecto de la II Guerra Mundial. En realidad, Remembrance Day se celebra desde el fin de la I y el 11 de Noviembre conmemora la firma del Armisticio que puso fin a aquella locura.
Pero una cosa que admiro secretamente, yo que creo que no tengo Patria, ni bandera (o que al menos no les doy mayor importancia que la que les confiere la distancia que me separa de ellas) es ese orgullo patrio que encontraba en casi todas las respuestas cuando preguntaba sobre el tema. Un orgullo comunitario que creo que nunca he logrado detectar dentro de mi propio país.


