Nunca pensé que yo, que si fuera personaje de D&D tendría un willpower de 18 con bonus, fuera a dejarme afectar por la crisis de los cuarenta. Pero después del cumpleaños y de haberme comido mi peso en regalíz negro, kikos y boquerones en vinagre (esos lujos difíciles de encontrar por aquí) volví a plantearme aquello de que la maquinaria la tengo para toda la vida. Y a estas alturas ya no se autorepara ella sola con la misma facilidad. O sea que tengo que comer sano y cuidarme. Lo cuál pasa por hacer deporte.
Los alemanes, que cuando quieren son muy escuetos con las palabras para decir mucho lo clavan con la frase que da título a esta entrada: "el deporte es la muerte". A duras penas y cuando no me paso dos o tres semanas acatarrada me da para encajar en la agenda una horita de yoga o Pilates. Si la semana ha sido de las de fábula, consigo colocar una hora de aeróbico, como "Dance Central" o "Zumba". Y puedo darme con un canto en los dientes con eso. Si quiero algo más, tiene que ser en familia, tiene que ser barato y tiene que ser facilito de implementar.
SM corre, desde hace unos nueve meses. Ha corrido los cinco y los díez km, vestido de persona normal y de spaguetti verde (su traje de faena). Yo de tanto en tanto también me hago unos veinte minutos trotando cuando no tengo otra alternativa, eso sí, a un ritmo tan cochinero que me adelantan hasta los abuelitos con taca-taca. Supongo que cuando mi marido llegó a casa de la última carrera con el flyer de abajo, me pilló en un momento tonto. "¿Por qué no nos apuntamos toda la familia? Los Supernenes pueden hacer los dos km. y tú puedes hacer los cinco." Así nos obligamos a entrenar todas las semanas...
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| Si no muero por el camino, allí estaré con mi dorsal 1940... proyecto corre |
Bueno, pues después de una semana esperando que saliera el sol lo suficiente como para derretir toda la nieve de las calles, hoy ha sido nuestro primer entrenamiento juntos. La cosa ha empezado muy bien. Los peques han conseguido su kilómetro sin rechistar y yo iba lanzada dando vueltas por el parque con mi musiquilla puesta, pensando que los cuatro kilómetros estaban a mi alcance a ese ritmo cuando en la tercera vuelta...
... he pisado mal y me he torcido el tobillo. No sé que ha pasado: no era una zona especialmente escarpada, no había hoyos, ni baches. Y el bajonazo de pasar de tener las endorfinas a tope y la máquina del esfuerzo a todo meter, al dolor intenso, ha sido intenso. Puedo agradecer a la madre naturaleza, que me dotó de cualidades de tentetieso, que la cosa no vaya a ir a más de un dolorcillo ligero en la articulación. En estos momentos el orgullo es lo que más me duele.