Después de tantos años junto a mí, llevo mucho mejor que antes la ausencia de mi lado femenino. Al menos del lado femenino ese que se supone que se preocupa por los trapos. Pero esta semana he tenido una dosis de realidad de esas de caballo, propiciada por los docentes del curso Mi mundo en el bolsillo (curso en el que he tenido la suerte de participar en su primera edición, muy recomendable para la gente que quiere empezar a disfrutar de su cámara sin meterse entre pecho y espalda un curso entero de técnica como hice yo).
Empecemos conque como siempre, el miércoles cuando se ponían los deberes, yo estaba ausente. Y llegar tarde tiene la desventaja de que eres la última que te enteras.Cuando entré en el patio/foro del cole se mascaba que el ejercicio de la semana era duro:
"Puffff, yo no sé cómo me voy a apañar"
"Quéeee pereza mirar lo que tengo en el armario"
Así que me fui corriendo a lo de los deberes y leo que lo que toca es un "Street Style". Llamadme lerda, pero con dos críos menores de diez en casa lo primero que me vino a la cabeza por "style", fue "gangma" y creí que los profes habían perdido el norte. Luego descubrí que no, que era todavía peor, que se trataba de moda...
Street Style, en moda, es como se denomina a fotos realizadas de forma espontánea a los estilismos callejeros que las anónimas, expertas en moda y...O sea, se trataba de parar a una desconocida en la calle y no regalarle flores, sino pedirle que mirase al pajarito. Como complemento, teníamos que montar un estilismo con nuestro fondo de armario... Sencillo, ¿no?
Pues no, afrontémoslo: no entiendo nada de moda. Podría pasarme el día en chandal y zapatillas de deporte si no tuviera clientes (y la mayor parte de fotos en la universidad me muestran de esa guisa). Compro la ropa en las rebajas y además no es que digas que voy buscando hasta que encuentro algo como hace la gente normal. Yo voy un día de rebajas, y lo que pillo para subsistir, lo uso. Mi armario lo componen un grupo de prendas en distintos tonos que hasta un daltónico no podría fallar al combinarlas entre sí. Mucho gris, muchísimo. Y si no blanco... o negro. Las únicas notas de color las ponen un par de camisetas en nazareno monísimas que precisamente conseguí para que mi madre dejara de quejarse de que parece que me hicieron antes de la tele en color. He de reconocer, que si no me pasara el verano por España, creo que dejaría hasta de quitarme el pelo de las piernas (ufff, ya lo he soltado, una se queda mucho más ancha cuando confiesa toda la verdad).
Al final algo hicimos, después de mucho despotricar (algo me dice que los profes del taller se han ganado un par de vueltas hacia arriba del Nirvana después de aguantarme durante todo este mes). He hecho propósito de enmienda, prometo poner algo de color en mi vida. Si mi compi con nombre de whiskey lo consigue, yo seguro que también puedo:
Todavía me falta el estilismo de mi armario, pero estoy decidiendo cuál de todos mis tonos de grises es más llamativo.


