Datos personales

Mi foto
Sigo instalada en los "taitantos" y los abuelos siguen a hacer puñetas de aqui... Pero al menos el marido parece haber sentado el trasero, duermo algo por las noches y mi carrera laboral empieza a parecerse a algo. Lo que sigue siendo interesante es mi red de apoyo variopinta, internacional y virtual y las aventuras de la Superfamilia espero... Pasa y acomodate.

sábado, febrero 25, 2012

¿Cuento yo? ¿Cuentan mis hijos?

Estimado Señor Ministro Wert,

desde hace un par de semanas me da la sensación de que cuando abro el periódico me encuentro con Usted. Cosa que no sería mala del todo, sino fuera porque con algunas de sus palabras me hierve la sangre. Pero ha sido su declaración a RNE la que ha hecho caer ultima metafórica gota en mi vaso particular y me lleva a dedicarle una carta abierta en mi blog.

Pero disculpe mis modales (cuando se tienen tantas cosas que decir, una olvida en ocasiones las maneras), permitame presentarme. Soy Superwoman (SW), nací en la década de los setenta en Madrid. Allí estudié y me formé, hasta conseguir ser Licenciada en Ciencias Físicas por la Universidad Complutense de Madrid. Allí también conocí a la persona que comparte conmigo el camino de mi vida, Superman (SM). A pesar de que allí también conseguí un trabajo que me hubiera permitido mantenerme tal vez durante el resto de mis días, una cierta inquietud intelectual y las ganas de trabajar en algo más relacionado con lo que habíamos estudiado por vocación nos llevaron a hacer las maletas, allá por el año 1999. Fuimos acogidos en otro país de la Unión Europea, donde yo terminé mi formación como doctora en Física de Materiales y SM tuvo una oportunidad de desarrollarse profesionalmente en un campo puntero de tecnología.



Aquí suelo tener una discusión con mi Supermadre (y por lo leído, también la voy a tener con Usted), que siempre dice que nosotros no nos hubieramos muerto de hambre en España. No, no pertenecemos a ninguna de esas listas de emigrados que están aumentando de manera tan abultada, pero porque llevamos más de doce años, a estas alturas, como cerebros fugados. Y hasta cierto punto les doy la razón en que nosotros "elegimos" nuestro destino. Pero tenga siempre en cuenta que esta elección estuvo motivada porque vimos venir la que se avecinaba. SM había empezado esa prometedora carrera profesional de la que hablo en el párrafo anterior en Madrid. Un año después de marcharnos, cerraron la empresa en la que estaba trabajando (la única de su gremio en toda España). Yo personalmente estaba contratada por obra, como personal administrativo, realizando un trabajo rutinario y que no me requería ningún tipo de esfuerzo mental ¿A alguien de verdad, aparte de a mi madre, le extraña que hiciéramos las maletas?

Usted dice que lo que nosotros hicimos es normal, estudiar unos años en el extranjero. El problema es que habla de un camino de regreso que no existe. Por supuesto que he conocido mucha gente que ha vuelto en todos estos años. Pero son la minoría. Y todos los que lo han hecho han sido impulsados por razones de tipo sentimental (familia, pareja...) y eran dolorosamente conscientes de que iban a tener que pagar un precio por ello. Creamé, Señor Ministro, el único camino de vuelta que vemos miles y miles de profesionales españoles desde el extranjero, es el de los "Turrones El Almendro" (*). También tengo que informarle, para que lo tome en consideración, de que las listas que usted da como fiables, las de residentes en las Embajadas, normalmente están muy incompletas. Nosotros nos pasamos cuatro años en Irlanda sin dar señales de vida en el Registro Consular (entre otras cosas porque no servía ni para hacer puñetas, si me permite esta castiza salida de tono). Y la mayoría de la gente jóven, de la gente sin obligaciones, lo hace así porque el trámite burocrático de inscribirte, en lugar de estar agilizado te requiere perder un precioso día (como mínimo) que puedes dedicar a cosas mejores. Nosotros finalmente nos empadronamos por nuestros hijos.

Lo cuál me lleva al último punto que quería comunicarle con esta carta. Lo mucho que me ha dolido que minimice la contribución de los españoles "de segunda generación" con sus palabras. Porque la pérdida que significa al país que tantos niños como Supergirl (SG) y Superboy (SB) se estén educando fuera es incuantificable. Es demasiado pronto para saber si mis hijos llegarán a marcar en el futuro algún tanto o un pase científico de esos que llevan hasta la gloria (una contribución decisiva en la lucha contra el cáncer, una patente que ayude a resolver el problema energético del planeta...) o si serán sencillamente como sus padres, unos buenos trabajadores que ayudan a levantar y mantener la sociedad que les acoge. Lo que está claro es que lleguen a donde lleguen, habrán sido formados como Usted dice en el extranjero. Pero se le olvida mencionar que estos niños son, como sus padres, niños perdidos para España... es más fácil encontrar un genio entre treinta mil que entre trescientos. Y desgraciadamente somos muchos más de trescientos los que estamos fuera, estemos o no estemos en ninguna lista. No minimice Usted el problema.

Un supersaludo
SW



(*) Por si es preciso aclaro, volver a casa por Navidad
La imagen que aparece en el texto se la tengo que agradecer a universiablogs.net

martes, febrero 21, 2012

Cortoplacismo, largoplacismo y "marshmallows"

Por si acaso todo el mundo no entiende la referencia a los malvaviscos (marshmallows), la explico. Se trata de un estudio sobre psicología llevado a cabo en los 70 (y desde entonces repetido y confirmado por diversas fuentes). En el estudio, niños de corta edad (tres a cinco años) eran dejados a solas con un dulce. Se les decía que si querían se lo podían comer, pero que si esperaban a la vuelta del investigador sin darse ese placer inmediato, recibirían otro dulce más como premio... Vamos, algo así



El resultado es que aproximadamente un tercio de los críos realmente pudieron dominar sus instintos más primarios y esperar. La sorpresa surgió cuando años después el investigador principal descubrió por casualidad que aquellos niños que habían retrasado la gratificación de comerse el dulce, también tenían mejores expedientes académicos, mayor rendimiento y menos conflictos sociales.

Yo estoy segura de que soy de las que hubiera esperado, porque de siempre he sido responsable de narices. De hecho, todavía me paso la vida mirando el malvavisco y planteandome si darle un mordisco de narices o esperar a otro momento por si consigo más rendimiento todavía de él. Vamos, que de cortoplacista tengo poco... no soy una gran estratega, pero siempre estoy pensando en el futuro, en un futuro que a estas alturas, tampoco tengo garantizado que me llegue (aunque sé que lo más probable es que me quede todavía la mitad de mi vida por delante).

¿A qué viene toda esta defensa del largo plazo? A que en realidad no tengo tiempo para llevar este blog, pero estoy segura de que en el fondo, la inversión en tiempo que os hago cada semana no deja de ser un bálsamo para este castigado espíritu que me acompaña últimamente. Bueno, y supongo también que para justificar que me voy a comprar una cámara reflex porque quiero intentar hacer algo más creativo en mis ratos libres. Llega un momento en que hay que empezar a comerse el dulce. De un tiempo a esta parte, con crisis y todo, estamos haciendo una serie de gastos que no dejan de ser pequeños lujos (y no somos precisamente consumistas, ni derrochones, creedme, como ejemplo os escribo desde un sobremesa que tiene la misma edad de SG y eso teniendo en cuenta que el ordenador en esta casa es una pieza que recibe mucho uso). Mirar excesivamente a largo plazo también puede tener como último resultado que tú termines criando malvas mientras otro se come tu marshmallow.

(Ir)Responsable también de esto...